
¿Habéis oído alguna vez la expresión “Estás en el mundo porque tiene que haber de todo”? Probablemente sí pero no estabais lo bastante aburridos como para poneros a analizarla. No pasa nada, aquí está Jose para hacerlo por vosotros… Es una frase por un lado fea y por el otro bonita. A quién se la digas le estás llamando friki, pero a la vez estás reconociendo que la variedad y diversidad son importantes. Y eso no es ninguna tontería en un mundo en que parece que todos tengamos que ser iguales.
En su última peli Woody Allen saca a flote esa diversidad del género humano y además confronta las diferencias. Confronta fundamentalmente personajes y maneras de pensar. Lo hace con agilidad y ritmo.
Vicky y Cristina (Rebecca Hall y Scarlett Johansson). La morena y la rubia. La más convencional y la menos convencional. La que va experimentando y decidiendo y la que tiene valores firmes que se acaban yendo secretamente al traste.
Pero también pueden compararse Vicky y María Elena (Penélope Cruz), la anglosajona convencional y la artista española loca, María Elena y Cristina, la artista loca y la americana tranquilita, Juan Antonio (Javier Bardem) y Doug (Chris Messina), el latin lover pedante y el yuppie. Europa y América, lo convencional y lo no convencional.
Empecemos por esto último. En esta película se toma partido por lo no convencional porque en el caso de esta historia representa lo auténtico. La vida de Vicky, la morena, es una mentira y la de Cristina es una verdad cocinada a fuego lento que acaba por cortarse. Buscando la pasión llega a ser el muro maestro de una atípica relación de tres. La mentira de Vicky en cambio es tan mentira que hasta su coprotagonista (Doug, el novio cornudo de Vicky) se cree que la historia es al revés y que la amargada es Cristina. Es apasionante lo que da que pensar Doug cuando dice:
“Yo quiero a Cristina porque es tu amiga pero te he advertido sobre ella. No es una persona feliz. No puede cubrir el papel de la autoimagen que se creó de mujer especial, artista tratándose de encontrar a sí misma… Desprecia las convenciones y valores normales. Es un tópico aburrido.”
Se ve venir enseguida lo que va a pasar con la morena. Cuando ves a esta americana tan recta, tan judgamental , tan analítica y tan segura dices “uuuuuy… cómo te vas a ver!”
¿Será así también en la vida real este asunto? ¿Cuánto más uptight y cuadriculada es una persona más caótica es en realidad?
¿Es el personaje de Penélope Cruz, esa pintora española loca, más coherente que el de Vicky? Es como si fuera imposible que alguien que haya escrito el personaje de Vicky haya podido escribir también el de María Elena. Y eso es muy buena señal. Así de complejos son los dos, así de creíbles, cada uno en su cultura y en su manera de hablar propia y así de bien interpretados.
Penélope Cruz logra ser una especie de Yoli bohemia impresionante. Tengo que decir que siempre que la veo fuera del cine (anunciando cremas y pisando alfombras rojas) se me olvida que es buena actriz – porque debe caerme mal – pero en cada película vuelve a sorpréndeme, siempre me la creo. Y en un papel como este en que es tan fácil hacerlo fatal tiene especial mérito. Entre Belle Époque, Jamón Jamón, la Niña de tus ojos y ésta película creo que se ha ganado hace tiempo un buen puesto en la especialidad de histerismo cañí.
En cuanto a la confrontación Europa y América hay que decir que personalmente Woody Allen me ha hecho desear con fuerzas visitar su Barcelona. Te mete tan bien en el rollo bohemio mediterráneo (hedonismo, vinito, conversación sobre cosas más o menos de verdad…) que a nadie le apetece salir de él. De hecho creo que el director consigue que el novio de Vicky nos moleste a todos cuando en medio de una de esas cenas barcelonesas a la luz de las velas la llama por teléfono desde Nueva York para hablar de casas con canchas de tenis y urbanizaciones.
En algún momento de la película el director hace esta comparación de culturas de manera muy directa. Se habla de algo como “dejar atrás el materialismo anglicano”. Dentro de este anglicanismo parecen entrar las convenciones de las que ya hemos hablado.
Confrontaciones a un margen este filme toca otros asuntos que me interesan. Por ejemplo el amor por admiración, la seducción o el amor entre tres.
¿Es necesario admirar para querer? Yo por ejemplo si no admiro no me enamoro y parece que Woody Allen va por ahí también. Vicky va queriendo como puede a su prometido porque es the right person pero no es hasta que llega alguien a quién admirar que cae en las garras del amor. Otro tema es cómo pueden admirar a un personaje tan poco admirable a mi juicio. El personaje de Bardem sería demasiado irritante si no fuera porque Allen también sabe reírse de él. Es especialmente bueno cuando empitona a Pe en castellano y luego cuando esta se pone agropecuaria le pide en inglés que respete a Cristina y hable “in English”.
Personalmente perdono a Woody Allen (para que pueda dormir mejor) las salidas de tono que pueda tener a nivel cultural en la peli. Como cuando ameniza las imágenes de Oviedo con el Entre dos aguas de Paco de Lucía, ese asturiano universal.
Como conclusión diría que esta película sin ser “de risa” es divertidísima. La historia está trabada de manera que rebosa ironía. Como me dijo Madame Blavatsky en la película la ciudad es un personaje más. Y tengo que decir que yo esa Barcelona no la conozco, lo que no quiere decir que no exista o que no la quiera conocer un día.
En su última peli Woody Allen saca a flote esa diversidad del género humano y además confronta las diferencias. Confronta fundamentalmente personajes y maneras de pensar. Lo hace con agilidad y ritmo.
Vicky y Cristina (Rebecca Hall y Scarlett Johansson). La morena y la rubia. La más convencional y la menos convencional. La que va experimentando y decidiendo y la que tiene valores firmes que se acaban yendo secretamente al traste.
Pero también pueden compararse Vicky y María Elena (Penélope Cruz), la anglosajona convencional y la artista española loca, María Elena y Cristina, la artista loca y la americana tranquilita, Juan Antonio (Javier Bardem) y Doug (Chris Messina), el latin lover pedante y el yuppie. Europa y América, lo convencional y lo no convencional.
Empecemos por esto último. En esta película se toma partido por lo no convencional porque en el caso de esta historia representa lo auténtico. La vida de Vicky, la morena, es una mentira y la de Cristina es una verdad cocinada a fuego lento que acaba por cortarse. Buscando la pasión llega a ser el muro maestro de una atípica relación de tres. La mentira de Vicky en cambio es tan mentira que hasta su coprotagonista (Doug, el novio cornudo de Vicky) se cree que la historia es al revés y que la amargada es Cristina. Es apasionante lo que da que pensar Doug cuando dice:
“Yo quiero a Cristina porque es tu amiga pero te he advertido sobre ella. No es una persona feliz. No puede cubrir el papel de la autoimagen que se creó de mujer especial, artista tratándose de encontrar a sí misma… Desprecia las convenciones y valores normales. Es un tópico aburrido.”
Se ve venir enseguida lo que va a pasar con la morena. Cuando ves a esta americana tan recta, tan judgamental , tan analítica y tan segura dices “uuuuuy… cómo te vas a ver!”
¿Será así también en la vida real este asunto? ¿Cuánto más uptight y cuadriculada es una persona más caótica es en realidad?
¿Es el personaje de Penélope Cruz, esa pintora española loca, más coherente que el de Vicky? Es como si fuera imposible que alguien que haya escrito el personaje de Vicky haya podido escribir también el de María Elena. Y eso es muy buena señal. Así de complejos son los dos, así de creíbles, cada uno en su cultura y en su manera de hablar propia y así de bien interpretados.
Penélope Cruz logra ser una especie de Yoli bohemia impresionante. Tengo que decir que siempre que la veo fuera del cine (anunciando cremas y pisando alfombras rojas) se me olvida que es buena actriz – porque debe caerme mal – pero en cada película vuelve a sorpréndeme, siempre me la creo. Y en un papel como este en que es tan fácil hacerlo fatal tiene especial mérito. Entre Belle Époque, Jamón Jamón, la Niña de tus ojos y ésta película creo que se ha ganado hace tiempo un buen puesto en la especialidad de histerismo cañí.
En cuanto a la confrontación Europa y América hay que decir que personalmente Woody Allen me ha hecho desear con fuerzas visitar su Barcelona. Te mete tan bien en el rollo bohemio mediterráneo (hedonismo, vinito, conversación sobre cosas más o menos de verdad…) que a nadie le apetece salir de él. De hecho creo que el director consigue que el novio de Vicky nos moleste a todos cuando en medio de una de esas cenas barcelonesas a la luz de las velas la llama por teléfono desde Nueva York para hablar de casas con canchas de tenis y urbanizaciones.
En algún momento de la película el director hace esta comparación de culturas de manera muy directa. Se habla de algo como “dejar atrás el materialismo anglicano”. Dentro de este anglicanismo parecen entrar las convenciones de las que ya hemos hablado.
Confrontaciones a un margen este filme toca otros asuntos que me interesan. Por ejemplo el amor por admiración, la seducción o el amor entre tres.
¿Es necesario admirar para querer? Yo por ejemplo si no admiro no me enamoro y parece que Woody Allen va por ahí también. Vicky va queriendo como puede a su prometido porque es the right person pero no es hasta que llega alguien a quién admirar que cae en las garras del amor. Otro tema es cómo pueden admirar a un personaje tan poco admirable a mi juicio. El personaje de Bardem sería demasiado irritante si no fuera porque Allen también sabe reírse de él. Es especialmente bueno cuando empitona a Pe en castellano y luego cuando esta se pone agropecuaria le pide en inglés que respete a Cristina y hable “in English”.
Personalmente perdono a Woody Allen (para que pueda dormir mejor) las salidas de tono que pueda tener a nivel cultural en la peli. Como cuando ameniza las imágenes de Oviedo con el Entre dos aguas de Paco de Lucía, ese asturiano universal.
Como conclusión diría que esta película sin ser “de risa” es divertidísima. La historia está trabada de manera que rebosa ironía. Como me dijo Madame Blavatsky en la película la ciudad es un personaje más. Y tengo que decir que yo esa Barcelona no la conozco, lo que no quiere decir que no exista o que no la quiera conocer un día.
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