
Las 18h.
Ginebra. Esperando a que abran “La Bretelle”, un sitio gay con buena pinta. He llegado a Suiza en cuatro coches desde Grenoble:
El primero lo llevaba un chico de origen argelino que me ha informado sin reparo de que las mujeres españolas son unas cachondas que viven del sexo de pago. "Lástima", ha seguido con su análisis, "que el negocio de la droga ya no sea rentable en España" porque resulta que los camellos van a medias con los aduaneros y dan el chivatazo de matrícula de los minoristas a los que venden droga y así se quedan con lo que les han dado por la droga y, además, a cambio de ir a medias con los aduaneros la mercancía vuelve a sus manos. Según este chico me parezco a un actor americano de cine de acción. No recuerda el nombre. Casi que mejor.
Mi segundo acompañante ha sido un ex militar que se salió del ejército porque estaba harto de decir “Sí, señor” y no pensar. Me ha contado el origen de la Fondue, que es savoyarda, ¡no suiza! Los pastores se iban con pan y con queso a trabajar. Al volver el pan que sobraba estaba duro y el queso revenido. Entonces lo aprovechaban todo haciendo líquido el queso fundiéndolo en vino blanco y mojaban ahí el pan.
En el peaje de Chambéry, después de esperar más de dos horas me ha cogido una mujer muy seria que justo después de decir "hola" me ha hecho notar que mi cartel en folio DINA 4, escrito con boli Bic es muy pequeño y que no se ve. Le he enseñado mi macro-pizarra blanca donde tenía pensado escribir todos mis destinos en tamaño gigante y le he explicado que el rotulador no furula. Entonces la mujer continuando fiel a su estilo lacónico se ha limitado a abrir su bolso y ha sacado como miles de rotuladores de pizarra blanca. Le he preguntado si es profe. Da una formación de Derecho Social y me ha dado un rotulador.
La última chica ha sido la más graciosa. Curiosamente la única suiza que me ha tomado. Antes de arrancar me ha hecho una serie de preguntas con el objeto clarísimo de determinar si soy un maniaco inestable.
Y cuando sorpresivamente ha arrancado, se ha pasado un cuarto del trayecto preguntándose a sí misma en voz alta qué impulsos le han llevado a recogerme y otro cuarto intentando responderse a ella misma. La otra mitad, estando ya aparentemente satisfecha con la coherencia de su conducta, la ha dedicado a contarme el viaje del que llegaba, desde la isla de Guadalupe en el que le han perdido las maletas. Le encanta la idea del CouchSurfing y le fascina la idea de mi viaje. Y así, ¡He llegado a Ginebra!¡Bien!
Mmmmmmmm... fondue! :)
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